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domingo, 23 de noviembre de 2014

EVALUAR........¿ PARA QUÉ?. Federico Tejeiro


La palabra evaluar, según el diccionario de la Real Academia Española, significa entre otras cosas:


evaluar
Acepción muy utilizada por los profesionales de la educación para poner las notas de nuestros estudiantes.
Sin embargo, ¿de dónde surge eso de calificar al alumnado?
Parece ser que fue William Farish en 1792 el primer profesor que ideó un sistema para poner notas a sus estudiantes.  Con este sistema él podía comprobar así si sus estudiantes efectivamente habían aprendido.  Esta concepción simple de evaluar para calificar, hace del error algo muy negativo y sin embargo, ¿no aprendemos todos tras cometer errores?¿Por qué entonces equivocarse es malo?
Como indica Neus SanMartí en su libro  “10 ideas clave: evaluar para aprender“,  la evaluación solo calificadora no motiva ya que hace recaer únicamente en el alumno la responsabilidad por su fracaso. Cuando empecé a dar clase hace más de 15 años  una compañera me indicó que pusiera un examen con tiempo para hacer una recuperación antes de la evaluación del trimestre “por si acaso”. Eso hice y, cuando me encontré con un porcentaje bajísimo de aprobados, destinamos dos días enteros a analizar qué había pasado.  Para mí la evaluación no solo es de los alumnos y alumnas sino que también debe servir para que aprenda quien enseña.  Evaluar para aprender, tanto el alumnado como también el profesorado.
Ha llovido mucho desde entonces y, junto a mis estudiantes y otros docentes, he aprendido mucho también. Son evaluados y les pongo su nota, pero también buscamos explicaciones de las mismas. Cuando un alumno o alumna no aprende se puede deber a muchos factores tanto externos como  internos a la escuela. La reflexión de la evaluación dentro del contexto en que se realiza, de manera compartida, ayuda sobremanera a introducir cambios que promueven una mejora.  Evaluar para reflexionar.
Así, a lo largo de ese tiempo mis estudiantes y compañeros docentes hemos mejorado bastante.   La pregunta “¿Maestro, esto para qué me sirve a mí?” ha sido una fuente de grandes reflexiones y nos ha permitido introducir cambios importantes en el currículo que  potencian el valor útil que tiene el conocimiento que adquiere nuestro alumnado.  Las respuestas encontradas nos han permitido entender mejor  las materias que enseñamos y a conocer mejor al alumnado al cual se las enseñamos. Estas reflexiones nos han llevado a otra concepción de evaluar, evaluar para comprender.
El tipo de evaluación y los instrumentos también han ido evolucionando a raíz de afirmaciones como “No esperábamos un examen tan difícil” o “Este ejercicio que nos pides no lo hemos dado en clase“. La forma de practicar la evaluación influye en las destrezas  que desarrollamos en nuestros estudiantes: no es lo mismo exigir que memoricen, aprendan algoritmos o comprendan un hecho que pedirles que opinen o investiguen sobre dicho hecho.  ¿Qué habilidades cognitivas desarrollas tú en clase? ¿Las primeras o las segundas? ¿Cuáles son más importantes y necesarias hoy día? ¿Cuáles prefieren tus estudiantes? ¿Con qué metodologías fomentas que las adquieran? ¿Cómo las evalúas? Responder colaborativamente a estas preguntas conduce a evaluar para cambiar.
Durante este tiempo dando clases he aprendido también a confiar en la opinión de mi alumnado tras practicar la coevaluación y observar sus autoevaluaciones. Verlos en acción, de manera individual y en grupo, ha ampliado mucho la visión que tengo de mis estudiantes. Me ha enseñado a verlos como personas que tienen no solo un cerebro muy maleable y con gran potencial sino también un corazón lleno de sentimientos y emociones. Reflexionar sobre este hecho nos ha llevado a ser  más conscientes del gran compromiso que supone ser docente y del papel de la escuela en la sociedad, que debería promover un crecimiento tanto a nivel curricular como a nivel personal y social. Ese compromiso nos lleva a evaluar para transformar la escuela, mi centro, mi aula, al alumnado, a mis compañeros y compañeras y a mí mismo.
Quisiera acabar indicando una frase que Miguel Ángel Santos Guerra escribe en “Dime cómo evalúas y te diré qué tipo de profesional y de persona eres“, artículo de 2003 que podéis descargar aquí.
Cuando un docente se hace preguntas sobre la evaluación y responde a las mismas apoyándose en evidencias, en hechos rigurosos, en argumentos consistentes, está investigando
El profesor reflexivo, el profesor investigador, es totalmente necesario para mejorar y transformar las situaciones que se desarrollan en la práctica.  Pero además aporta muchas otras dimensiones a mi querida profesión y a mí personalmente. Evaluar no es solo investigar sino que va más allá. Así puedo decir que termino esta entrada con otra concepción de evaluar que desvela la importancia que tiene la evaluación para mí: evaluar para crecer.

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